"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







jueves, 17 de abril de 2014

El Poder del Patriarcado (II): Orígenes y espiritualidad



Por Fernando Trujillo

Los orígenes de los pueblos patriarcales los podemos rastrear en el último periodo glacial, un eterno invierno en donde el entorno era hostil y en donde solo los más aptos, los más fuertes pudieron sobrevivir, en donde cazar era vital para poder comer y vivir un días más.
El habitante de los hielos se alimentaba de carne, cazaba para poder sobrevivir, comenzó a volverse ingenioso, cuidadoso y sobre todo un superviviente nato, comenzó a forjar armas y a diseñar estrategias para cazar a su presa.
Era un terreno en el que no cabía el descanso, la compasión, la ociosidad sino la acción, el constante movimiento, la cacería, era la voluntad de vivir ante un clima hostil. Los climas fríos templan el espíritu, forjan un tipo de ser humano  de carácter fuerte, en contraste con los climas cálidos que forman un tipo de hombre egoísta, hedonista y sin carácter.
Las primeras migraciones de los pueblos indo-europeos comienzan con el comienzo del deshielo siguiendo las manadas de renos hacia el Norte, Adriano Romualdi señala que las primeras migraciones de indo-europeos empiezan a inicios del Neolítico y tienen su maduración en su identidad en la Edad de Bronce.
Las migraciones indo-europeas sucedieron en distintos periodos, las primeras las podemos ubicar entre el 2,200 y el 2000 A.C, de ellas provienen las civilizaciones de Irán, la India-Védica y el imperio hitita.
Posteriormente en esta oleada de migraciones dieron nacimiento a los pueblos griegos, latinos, celtas e iberios.
En todas estas migraciones los pueblos indo-europeos tuvieron que encontrarse y enfrentarse a otros pueblos de  origen matriarcal como los danubios, los pelasgos, etruscos y dravídicos a los que posteriormente exterminaron o sometieron.   
¿Cuál es la psicología de estos pueblos? Un fuerte sentido del honor, una estricta jerarquía, un sentido por la aventura y la conquista. El sistema social es fundamentalmente patriarcal y en donde se encuentran los valores de sangre, herencia y selección.
El jefe del clan, el padre, el líder elegido por sus iguales era el que gobernaba en la tribu, el hombre fuerte, cazador, disciplinado y ascético. Ese tipo de hombre al que el matriarcado moderno tanto repudia.
Un rasgo fundamental es la inventiva que les permitió el uso de la metalurgia, la doma del caballo y la construcción de caballos de combate para la conquista del mundo.
Eran hordas guerreras y cazadoras unidas por lazos de sangre y una fuerte disciplina militar que fueron invadiendo y conquistando a civilizaciones decadentes regidas por el matriarcado. Este barbarismo fue el origen de la aristocracia europea, fue la espada y la sangre lo que forjaron los posteriores imperios.
Los arios sobre los dravídicos, los itálicos sobre los etruscos, los helenos sobre los pelasgos, fue el triunfo del patriarcado sobre el matriarcado.

La espiritualidad patriarcal se caracteriza por el culto a lo ascendente, el sol, el cielo y la creencia en un reino superior al que acceden los que luchan. Por contrapartida la espiritualidad matriarcal existe el culto a la tierra, mientras que en el patriarcado el hombre es un hijo del cielo al que vuelve cuando es incinerado, en el matriarcado es un hijo de la tierra, “de la tierra eres y a la tierra regresas” es la premisa en el que los ritos funerarios son enterrar a los muertos regresándolos y atándolos a la madre tierra sin posibilidad de ascender a lo alto.
En la espiritualidad patriarcal existe el culto al dios padre, al rey de los dioses, este es representado como un guerrero, alguna vez un rebelde que derroco a los primeros dioses para posicionarse como gobernante. Su símbolo de poder es el rayo y la lanza. Odin-Wotan, Zeus-Jupiter, Indra y Perun todos ellos dioses celestes, patriarcas, padres de dioses y héroes. El culto a la guerra y el heroísmo forma parte de esta visión del mundo.
En todas las religiones indo-europeas hay una lucha entre el poder patriarcal y el poder matriarcal, mitos de héroes que se enfrentaron demonios y monstruos con formas femeninas como un reflejo de las conquistas indo-europeas sobre los pueblos matriarcales. Tenemos como ejemplo a Hércules enfrentándose a Hera, Perseo a Medusa, Beowulf a Grendel y su maligna madre, al rey Arturo contra su hermana Morgana.
En los mitos hebreos encontramos la historia de Jacob el favorito de la madre y Esau el favorito del padre. Esau era un cazador, un hombre barbudo, un arquetipo del patriarcado mientras que Jacob era un hombre astuto, dado a quedarse en su tienda y un agricultor, podemos ver como Jacob con los consejos de su madre logra engañar a Esau para robarle su herencia. Esta es una de las más grandes debilidades de los pueblos patriarcales, su ingenuidad, el guerrero tiene un código de honor que sigue sin ver la malicia de otros mientras que la astucia está asociada al arquetipo femenino.
El conflicto entre el patriarcado y el matriarcado inicio con las invasiones indo-europeas a Europa y Asia. Los indo-europeos traían una fe solar, basada en la guerra, la alegría y el honor mientras que los pueblos matriarcales tenían una fe en la tierra, la oscuridad y la promiscuidad.
Los dioses del patriarcado son viriles, sabios, de temperamento violento, justos mientras que las diosas del matriarcado representan la magia—en su forma oscura—la sexualidad desbordada, la esclavitud y el miedo.
Robert Graves en sus mitos griegos habla de que antes de la llegada de los pueblos patriarcales, existía en Europa el culto a la Gran Diosa a la cual el hombre temía y la paternidad no tenía ningún honor. La matriarca tenía varios amantes no para un embarazo sino por placer y los hijos nacían producto de estas orgias no conocían al padre.
En el sistema matriarcal las cuevas y las chozas—representaciones del útero—eran lugares de veneración a la diosa en donde la matriarca se reunía con sus hijos y amantes.
El sacrificio de varones a esta Gran Diosa era algo habitual en las culturas matriarcales, reyes y adolescentes eran sacrificados a la diosa, su carne se comía y su sangre se regaba en los campos como una enfermiza forma de culto.
Graves señala que con las invasiones helénicas a comienzos del segundo milenio A.C, hordas de pastores que adoraban a la trinidad aria formada por Indra, Mitra y Varuna se asentaron pacíficamente en la Grecia central en donde fueron aceptados como hijos de la diosa. De esta manera la aristocracia masculina se reconcilio con la aristocracia femenina de Grecia y Creta.
Esto difiere con la mayoría de las versiones en la que los helenos arrasaban con los habitantes originarios, los pelasgos sin embargo Graves tiene razón al señalar que la conquista indo-europea fue una reconcilian entre el poder masculino y el femenino.
Los helenos incluyeron a las diosas propias del matriarcado en su propia Cosmovisión del mundo. Graves acerca de esta reconciliación menciona que hubo matrimonios entre caudillos helenos y sacerdotisas de la diosa llegando a mezclar aspectos de ambos cultos.
A pesar de incluir a las diosas hubo una primacía del culto solar y patriarcal de los dioses olímpicos. No obstante estas conquistas y esta influencia matriarcal a la larga termino por contaminar la visión aristocrática de los indo-europeos.
Sin embargo en Esparta prevaleció siempre el patriarcado en su forma más indo-europea, una civilización guerrera, con un culto a la acción que le permitió ser la potencia militar más poderosa de la heliade.  
Cuando los griegos sucumbieron a la influencia de oriente—propiamente matriarcal—entonces entraron en una decadencia que llego a su fin con la conquista de los romanos.
La llegada del patriarcado fue la primera gran revolución contra la paz perpetua del matriarcado, la llegada del culto a la acción, a la aventura contra el hedonismo y promiscuidad que imperaba en el mundo matriarcal.
Las civilizaciones matriarcales eran sociedades envejecidas, entregadas al hedonismo y a la pasividad, de no haber llegado el patriarcado estas civilizaciones hubieran perecido lentamente. El patriarcado trajo vida, trajo una nueva cultura basada en la sangre y el honor que formo los cimientos de Europa y del mundo occidental.


Abril 2014

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